Todos hemos tenido hipo. Puede aparecer después de una comida abundante, al beber algo con gas, entre risas o incluso sin una razón evidente.
Parece una simple molestia pasajera, pero detrás hay un mecanismo mucho más interesante de lo que parece. Sabemos cómo se produce; lo que resulta más difícil de explicar es por qué nuestro cuerpo conserva este curioso mecanismo.
No siempre empieza en el estómago
El hipo también puede relacionarse con irritaciones del estómago, el esófago o la garganta, cambios bruscos de temperatura y algunas situaciones emocionales.
La ansiedad, el estrés, la excitación o incluso una carcajada pueden alterar nuestra respiración y favorecer su aparición. La relación entre las emociones y este reflejo, sin embargo, todavía plantea preguntas que la ciencia sigue investigando.
La pregunta que sigue sin respuesta
Si sabemos qué ocurre cuando tenemos hipo y conocemos buena parte de sus desencadenantes, queda una pregunta mucho más difícil: ¿para qué lo tenemos?
A diferencia de toser o estornudar, cuya utilidad resulta bastante evidente, la finalidad del hipo continúa sin estar completamente esclarecida. Existen distintas hipótesis, entre ellas una posible función relacionada con la alimentación de los bebés y otra que busca sus raíces en mecanismos respiratorios mucho más antiguos.
Ese pequeño “hip” puede aparecer después de comer, reír o beber, pero detrás de este reflejo involuntario podría esconderse una historia mucho más antigua. Foto: Magnific.Un reflejo con millones de años
Una de las hipótesis más fascinantes mira mucho más atrás que los seres humanos. El investigador y paleontólogo Neil Shubin ha señalado que el patrón de actividad muscular y nerviosa asociado al hipo también aparece en renacuajos que utilizan branquias y pulmones.
Cuando estos animales respiran por las branquias, impulsan agua hacia la boca y la garganta sin dejar que llegue a los pulmones. Para conseguirlo, realizan una rápida contracción y cierran la glotis, un mecanismo que recuerda sorprendentemente al hipo humano.
La idea es que nuestro organismo podría conservar mecanismos heredados de etapas muy antiguas de la evolución. El hipo sería, en ese caso, una especie de vestigio de cuando nuestros antepasados todavía respiraban en el agua. La semejanza ofrece una pista extraordinaria sobre la historia que nuestro propio cuerpo lleva consigo.
¿Y si alguna vez tuvo una utilidad?
Otra hipótesis propone que el hipo pudo haber cumplido una función durante la alimentación de los primeros mamíferos. Los bebés pueden tragar aire mientras maman y el patrón de contracción asociado al hipo podría haber ayudado a expulsarlo para permitir que continuaran alimentándose.
Además, el hipo aparece incluso antes del nacimiento: los fetos pueden presentar movimientos rítmicos compatibles con este reflejo durante su desarrollo, una señal de que se trata de un mecanismo muy temprano del sistema respiratorio.
Pero encontrar una posible función no equivale a demostrar su origen. Hasta ahora, ninguna hipótesis ha conseguido cerrar definitivamente el misterio.
SE DISPARA EN SEGUNDOS
El hipo comienza con una contracción involuntaria y repentina del diafragma, el principal músculo de la respiración. Casi al mismo tiempo, la glotis —la abertura situada en la laringe— se cierra de manera brusca. Ese cierre interrumpe momentáneamente el paso del aire y produce el característico “hip”.
El mecanismo es automático y puede aparecer sin una causa evidente. Comer demasiado o demasiado rápido, beber alcohol o bebidas carbonatadas, tener el estómago distendido y experimentar emociones intensas están entre los desencadenantes habituales.
Ese pequeño “hip” puede aparecer después de comer, reír o beber, pero detrás de este reflejo involuntario podría esconderse una historia mucho más antigua. Foto: Magnific.¿SE PUEDE QUITAR?
La mayoría de los episodios desaparece en pocos minutos.
• Existen trucos populares, como contener la respiración, beber agua fría o hacer gárgaras con agua helada, pero no hay evidencia sólida de que alguno funcione de manera segura y universal.
• Más que buscar una fórmula mágica, lo razonable es esperar a que el reflejo desaparezca y evitar, cuando sea posible, algunos de sus desencadenantes habituales.
LAS CLAVES
• Es un reflejo: el diafragma se contrae involuntariamente y la glotis se cierra, produciendo el característico “hip”.
• Tiene muchos disparadores: comer demasiado o rápido, bebidas gaseosas, alcohol, cambios de temperatura y algunas emociones pueden favorecerlo.
• Su origen sigue en debate: existen hipótesis relacionadas con la lactancia y con antiguos mecanismos respiratorios, pero ninguna es definitiva.
• Más de 48 horas: si el hipo persiste durante ese tiempo, conviene consultar a un profesional de la salud.
Quizá el hipo no sea un simple error del cuerpo, sino un pequeño recuerdo de cuando nuestro cuerpo era muy distinto. Y mientras seguimos escuchando ese familiar “hip”, la pregunta permanece: ¿para qué sirve?
FUENTES: MEDLINE PLUS, GACETA UNAM, SCIENTIFIC AMERICAN Y BBC MUNDO.