Pocas cosas mueven más el precio de una acción que un post viral. Y si el autor es el presidente de Estados Unidos, la onda expansiva es inmediata. La exigencia de Donald Trump de que Lip-Bu Tan renuncie a la jefatura de Intel encendió alarmas en Wall Street y en el mundo de los semiconductores.
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Pero la historia es más larga: Trump lleva años utilizando el megáfono público para presionar a ejecutivos y compañías cuando no le gustan sus decisiones de negocio, sus posturas políticas o, simplemente, sus tuits.
Lip-Bu Tan (Intel): el epicentro del nuevo choqueLa demanda de dimisión llegó con nombre y apellido y con un argumento contundente: presuntos conflictos por inversiones en firmas chinas de alta tecnología, algunas con vínculos militares.
La respuesta de Intel fue prudente, alineada a manual de crisis: compromiso con la seguridad nacional, respaldo del directorio y promesa de atender los cuestionamientos por la vía institucional.
Mientras tanto, el mercado hizo lo suyo con caídas en preapertura y analistas preguntándose si el ruido político contaminará los planes de reestructuración y foundry.
Elon Musk: del apoyo millonario a la rotura públicaFue aliado clave y aportó fortunas para la reelección, pero la luna de miel se resquebrajó cuando Musk criticó el paquete de recortes de impuestos y gasto por su impacto en la deuda.
La réplica de Trump incluyó advertencias sobre subsidios y contratos federales para las empresas de Musk, además de ironías en redes y pullas al naciente “partido centrista” que el propio Musk promocionó. Resultado: volatilidad narrativa que se traduce en volatilidad bursátil.
Tim Cook (Apple): fabricación, aranceles y la geografía de los iPhoneTrump ha presionado en repetidas ocasiones a Apple por producir fuera de EE. UU. y ha agitado la amenaza de aranceles del 25 % para los productos fabricados en el extranjero.
En paralelo a sus críticas por la expansión de la manufactura en India, el presidente celebró nuevas inversiones domésticas de Apple con cifras mareantes. Palo y zanahoria, versión Cupertino.
Brian Moynihan y Jamie Dimon: la banca bajo sospechaEl reclamo presidencial de “desbancarización” de conservadores puso en la mira al CEO de Bank of America y al de JPMorgan.
No ofreció pruebas concretas, pero sí un mensaje político que obliga a los bancos a salir a negar discriminación y a revisar, otra vez, sus políticas de onboarding y riesgo reputacional. En tiempos de sobrerregulación y escrutinio público, ese ruido cuesta.
Walmart: precios, márgenes y la factura de los arancelesCuando Doug McMillon advirtió que el retailer no podía absorber todos los costos derivados de los aranceles, Trump respondió que una empresa con ganancias récord debía “proteger” a los consumidores.
La discusión, más allá del cruce, tocó un nervio real: quién paga la cuenta de la política comercial cuando los insumos suben y el cliente no quiere pagar más en caja.
Jaguar Land Rover: rebranding “despierto” y salida del CEOLa crítica a la campaña de reposicionamiento de Jaguar —calificada de “woke” y “estúpida”— se cruzó con la salida de Adrian Mardell. En un sector que corre hacia lo eléctrico, con márgenes ajustados y lealtades de marca en juego, el ruido político añade presión a decisiones de diseño y marketing que ya eran delicadas.
¿Por qué este patrón importa (y a quién afecta)?Porque el megáfono presidencial no se queda en el timeline: puede mover preaperturas, empujar a directorios a decisiones defensivas y condicionar hojas de ruta.
Para los inversores, cada embestida suma prima de riesgo político; para los equipos de comunicación, implica protocolos de respuesta exprés; para los consumidores, puede traducirse en retrasos de producto, cambios de precio o ajustes de estrategia que no estaban en los planes.
En el ecosistema tech e industrial de 2025, los CEOs ya no solo gestionan supply chains y P&L: también gestionan ciclos de trending topic.
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El episodio Intel confirma una tendencia: Trump usa su plataforma para moldear comportamientos corporativos a golpe de presión pública. A veces consigue concesiones; otras, provoca cierres de filas y litigios.
Lo seguro es que, mientras el discurso presidencial tenga línea directa con mercados y marcas, ningún CEO puede darse el lujo de ignorarlo. La pregunta no es quién será el próximo blanco, sino cómo se prepara cada empresa para resistir —o capitalizar— el siguiente round.